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jueves, 16 de abril de 2015
Muertes en Mare Nostrum: víctimas y verdugos.
La tragedia continúa en las aguas del Mediterráneo. Gota a gota, se siguen escapando las vidas de inmigrantes desesperados que huyen del miedo y de la barbarie de guerras, el hambre y la sed. No importa su origen: Siria, Túnez, Etiopia, Somalia,… Da igual. La muerte los espera cada vez con más ansia y persistencia tras las olas asesinas del Mare Nostrum.

Más allá del cementerio de cruces anónimas que prosperan en la Isla de Lampedusa como el jardín que florece en la primavera de los años, un sinfín de crucifijos comienza a poblar el fondo marino del mar Mediterráneo. Las hay de todos los tamaños y con todos los significados religiosos posibles: en esto de la muerte no hay discriminaciones que valgan.


No importa si la persona es negra. Si reza con el Corán o con la Biblia. Si se trata de un anciano con toda una vida vivida o un bebé que aún no se ha hecho a los vértigos de este nuevo mundo. Mare Nostrum no perdona.

No importa si la mar está en calma o si la tempestad anuncia muerte y destrucción. No hay distinción entre un barcucho de mala muerte o un buque de tonelaje inerte. Mare Nostrum no perdona.

Y no importa tampoco si existe valor, inconsciencia, pánico o locura por jugarse la vida contra un desierto de mareas. Mucho menos importa si se queman con el frio helado de las aguas o con el inclemente sol del mediodía. Mare Nostrum no perdona.

Qué más da si son cien, doscientas, cuatrocientas, o dos mil las almas que embarcan ya sucumbidas hacia el fin de sus días. No importa de dónde salió el dinero que hipoteca sus vidas para ese pasaje del terror sin camino de vuelta. Mare Nostrum no perdona.

Todo ello da exactamente igual, porque cuando Mare Nostrum despierta bravío y encolerizado, su espada de Damocles comienza a mecerse lentamente sobre la nuca de todos estos seres humanos que iniciaron el viaje de su vida o de su muerte.

Nada de todo lo dicho le importa lo más mínimo a Mare Nostrum, que año tras año acumula a sus espaldas una plétora de víctimas inocentes. Nada de ello importa. Una pena inmensa para la humanidad. Una auténtica tragedia.

Pero la mayor de las penas y la más evidente de las tragedias dentro de esta reflexión es que si, el verdugo al que denomino Mare Nostrum, fuera sustituido en bloque por los Gobiernos, legítimos y mercenarios al mismo tiempo, de los países europeos, la historia no cambiaría ni un solo ápice de veracidad en esta inmundicia de inhumanidad.

Gobiernos europeos y Mare Nostrum. Mare Nostrum y Gobiernos europeos. Dos verdugos de esta desgraciada y perenne tragedia en la frontera oceánica que es el Mar Mediterráneo. Dos verdugos, al fin y al cabo, pero con diferentes caras: mientras los Gobiernos europeos, verdugos, miran hacia otro lado y evidencian su falta de humanidad ante la cotidianeidad de estas muertes, Mare Nostrum, víctima y verdugo, llora a los caídos mientras arropa con su manto de lágrimas el cementerio de cruces que se esconde en las profundidades de sus entrañas.


ALEJANDRO PEÑA PÉREZ
INFANTE & PEÑA ABOGADOS

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