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jueves, 16 de octubre de 2014
Negreros del s. XXI (by Ministerio del Interior).
A pesar de haber visto este tipo de comportamientos en anteriores ocasiones, las últimas actuaciones de la Guardia Civil tras los saltos fronterizos en Melilla resultan propios de auténticos negreros.

Como aquellos que perseguían al otro en las colonias del antiguo Congo Belga. O las redadas realizadas en el corazón del Amazona. Parece que uno está viviendo in situ los relatos que recoge Fray Bartolomé de las Casas en su ‘Brevísima relación de la destrucción de las Indias’. O sin ir más lejos, las cacerías que Vargas Llosa describe de manera magistral y visceral, al mismo tiempo, en ‘El sueño del celta’.


Nada más lejos de la realidad, y si no juzguen ustedes mismo tras ver los siguientes videos difundidos por la Asociación PRODEIN recientemente: los hechos hablan por sí solos.




Más allá de las infinitas e infames devoluciones en caliente, que ya quedan en pura anécdota, sorprende la dureza y la violencia con la que se emplea la Guardia Civil en su “obligación” de defender a la madre patria. Qué modos… como para rechistar lo más mínimo. Maneras propias de la camorra italiana, puros matones de calles oscuras que se refugian bajo el poder que ostentan para agredir, sin ton ni son, a quien se pone por delante.

Y no solo eso. No, que va. Seres humanos amarrados de pies y manos, transportados como animales hacia el paso fronterizo con Marruecos, donde Dios (o Alá) saben lo que les ocurrirá o les ha ocurrido ya.

Que sucia o vacía debe de estar la conciencia de una persona para tratar como escoria a un semejante que carga como única penitencia con el simple hecho de haber nacido donde uno no elige. Donde el hambre, la miseria, la corrupción, las enfermedades, únicamente ofrecen la muerte como futuro. Que falta de humanidad, empatía y de respeto a la legalidad por parte de miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (que no lo olvide nadie), que no les basta con realizar devoluciones notoriamente ilegales, sino que además se encargar de dejar marcados los cuerpos de sus víctimas con un único y sencillo mensaje: NO vuelva usted mañana, sino ya sabe lo que le espera.

Este tipo de actuaciones, como dejé claro desde un principio, son propio de auténticos negreros. Negreros del siglo XXI, pero que siguen guardando las formas de sus ancestros, conservando arraigada la tradición para que no se pierda con el paso de los siglos. ¡No, por Dios!

Si los primeros negreros levantaran la cabeza, que orgullosos estarán de ellos…

ALEJANDRO PEÑA PÉREZ
INFANTE & PEÑA ABOGADOS



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