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jueves, 10 de abril de 2014
Negro: por tanto, extranjero.
Los controles selectivos realizados por la policía en busca y captura de inmigrantes en situación irregular no son algo nuevo. Tampoco son nuevas las acusaciones de cupos de inmigrantes que deben cubrir los agentes de la autoridad por orden de las altas esferas. Mucho menos resultan novedosas las redadas de tintes racistas cometidas por estos mismos policías en el ejercicio de sus funciones.

Lo que sí es nuevo, al menos en los últimos 22 años, en que se haya interpuesto una denuncia por comportamiento racista ante el Ministerio del Interior por ser requerido en plena calle para ser identificado simplemente por ser negro. Y es eso, precisamente, lo que sorprende: que sea inusual la denuncia de este tipo de actos racistas.


Con el paso del tiempo, nos hemos acostumbrado a ver en la calle, en las entradas de metro, estaciones de autobús o tren, en las plaza del barrio, e incluso en la televisión, cómo los controles de la policía a personas inmigrantes (o no), se realiza sin seguir criterios razonables y objetivos, ausentes de cualquier tipo de matiz o condicionante subjetivos. Los inmigrantes, por un axioma que parece irrefutable, son negros, o moros, o de ojos rasgados, llevan velo, o tienen cara de indios.

Así de sencillo se reduce el estereotipo del extranjero que pisa nuestras calles para gran parte de los policías que en este país realizan los controles rutinarios de documentación. No se suele parar a un hombre blanco, trajeado y de zapatos lustrosos. No, eso no suele ocurrir. Pues bien, este tipo de actitudes, no solo son estereotipos creados sobre personas extranjeras (o no), sino que además resultan ser claramente racista y xenófobas.

Hay que recordar que la Ley de Extranjería dispone en el Artículo 23.1 que “A los efectos de esta Ley, representa discriminación todo acto que, directa o indirectamente, conlleve una distinción, exclusión, restricción o preferencia contra un extranjero basada en la raza, el color, la ascendencia o el origen nacional o étnico, las convicciones y prácticas religiosas, y que tenga como fin o efecto destruir o limitar el reconocimiento o el ejercicio, en condiciones de igualdad, de los derechos humanos y de las libertades fundamentales en el campo político, económico, social o cultural”.

Teniendo en cuenta el contenido de este precepto, sorprende nuevamente que en pleno siglo XXI, y siendo España un país receptor de un alto volumen de inmigración desde hace dos décadas, no se hayan superado estos estereotipos y encasillamiento que recaen en relación a la raza, color, vestimenta o concepción religiosa de las personas.

Una de las cosas más importantes que la inmigración aporta a cualquier sociedad es la mezcla de culturas, razas, religiones, valores, formas de entender el mundo… Precisamente, esta mezcla es lo que debería hacer ver de una (puñetera) vez a la sociedad en general, y a la policía en particular, que ya no resulta extraño ver en nuestros parques jugando a niños españoles con la piel tan negra como el carbón, color caramelo o blancos como la leche. Que existen ciudadanas españolas que llevan velo, no comen cerdo y acuden a rezar a las mezquitas. O ciudadanos españoles que, por muy rasgados que tengas sus ojos, son tan españoles como yo, que nací hace ya unos años en la ciudad de Sevilla.

Da igual de donde venga la mezcla: extranjeros nacionalizados, hijos de matrimonios mixtos, menores nacidos en España de padres extranjeros, o inmigrantes que residen aquí desde hace años. No importa. Lo importante, y lo que no resulta de recibo a estas alturas, es que no logremos concebir, ni al “presunto” extranjero como a un ciudadano español; ni a auténticos ciudadanos españoles de piel negra bajo clichés o estereotipos que no son los castizos, los “nuestros”.

De no ser así, la mayoría de los policías de este país seguirán de forma sistemática parando por el color de su piel, por la forma de los ojos, o por su vestimenta a ciudadanos españoles con la convicción absoluta de que están ante extranjeros. O no…
     
ALEJANDRO PEÑA PÉREZ
INFANTE & PEÑA ABOGADOS

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