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jueves, 3 de abril de 2014
Esta semana sorprendían unas imágenes facilitadas por la ONG Prodein mediante la cual se denunciaba la presencia de la policía marroquí dentro del perímetro fronterizo español, y por tanto dentro de España, con el fin de llevar a cabo expulsiones en caliente.

La situación, que resulta sorprendente para el resto de los mortales, ha sido asumida, sin embargo, como “normal” por el Ministerio del Interior. Sorprende, sí. Viendo los acontecimientos de los últimos meses en las ciudades de Ceuta y Melilla, sorprende aún más que el hecho de que los ‘Alis’ campen a sus anchas en territorio soberano no produzca desconcierto ninguno para el gobierno español.



Sin embargo, ante tanta sorpresa, o ausencia de ella, lo cierto es que no asombra mucho la reacción de las autoridades españolas si se tienen en cuenta las explicaciones inverosímiles o fantasiosas que se dieron en la Comisión de investigación por las muertes de 5 inmigrantes el pasado 6 de febrero, cuando defendían la teoría de que las fronteras pueden ser concebidas de una manera flexible y elástica cuando a los “intereses nacionales” les resulta rentable. Para qué se va a respetar el Derecho Internacional si podemos permitirnos mover nuestras fronteras para expulsar ilegalmente a inmigrantes, permitir que mueran ahogados o vulnerar Derechos Humanos. Lo importante es que al final, lo increíble resulte creíble en bocas de políticos de escasa conciencia.

Da igual que la teoría de las fronteras elásticas suene igual que la del despide en diferido de la Señora Cospedal o que la teoría de la desaceleración económica del Señor Zapatero, al final ocurre lo mismo que con la teoría del tirador único en la muerte de Kennedy: que terminan calando y convirtiéndose en ciertas a golpe de repetición.

Como dijo alguien una vez, la mejor manera de hacer pasar una mentira como cierta es introduciéndola entre dos verdades.

Y esto es lo que pasa con la teoría de las fronteras elásticas, la legalidad de la expulsiones en caliente, las bondades de las concertinas o la normalidad de la presencia de la policía marroquí en suelo español, que a fuerza de asumirlas como algo cotidiano, se desvirtúa la gravedad de estos hechos y se asumen igualmente la legitimidad silenciosa de actos obscenamente ilegales e inmorales.

Los mensajes no deja de calar en la sociedad: “necesitamos reinterpretar las fronteras para aplicar la Ley de Extranjería de manera efectiva y eficiente”"Por razones humanitarias, se retrotrae la línea fronteriza marítima a la lengua de agua de la playa”“Las expulsiones en caliente no son ilegales, ya que el inmigrante no ha llegado ante el puesto fronterizo español”“Las concertinas no dañan a nadie si no se nos intenta invadir, y a lo sumo, solo producen heridas superficiales”“Es normal que la policía marroquí se inmiscuya en nuestro territorio para llevarse a los invasores”“No solo es normal, sino que además es necesario para salvaguardar la seguridad nacional”… y BLA, BLA, BLA…

Todas estas afirmaciones, a base de repetirse una y otra vez, se instauran en el subconsciente de la sociedad, que termina por no cuestionarse, no solo la inmoralidad de este tipo de actos, sino su ilegalidad manifiesta. Las cuestiones políticas, y con ellas sus planteamientos, terminan estando por encima de la norma jurídica y de la sensatez humana.

Esta situación se asemeja bastante al concepto de ‘superposición de ámbitos’ defendida por EMILIO MIKUNDA FRANCO, según la cual importa poco lo que pueda decir el Derecho, si existen intereses políticos que se encuentran en contraposición con ellos: siempre se le otorgará preferencia al interés político de turno que al cumplimiento de lo que establece la norma jurídica, independientemente de que ello conlleve una violación flagrante del Derecho.

Fíjense si esta superposición de ámbitos está tan arraigada en la inmoralidad política, y no me encuentro tan desencaminado en mis reflexiones, que las fronteras flexibles en Ceuta y Melilla, con entradas consentidas y asumidas de los ‘Alis’ en territorio español (¿dónde quedan ya las grescas por el Islote Perejil…?), se tornan en cotos cerrados en aguas limítrofes con Gibraltar, donde cualquier invasión de las autoridades gibraltareñas se interpretan como una provocación descarada y vulneradora de las normas más elementales del Derecho Internacional.

¿O acaso me equivoco…?
      
ALEJANDRO PEÑA PÉREZ
INFANTE & PEÑA ABOGADOS



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