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jueves, 19 de diciembre de 2013
18 de Diciembre: Día Internacional del Inmigrante.
Ayer, día 18 de Diciembre, se conmemora el Día Internacional del Inmigrante (y también, el  Día Europeo de Acción Contra los Centros de Internamientos). Lo significativo de este día, y el sentido del mismo, viene motivado por la aprobación de la Convención Internacional sobre la Protección de los Derechos de todos los Trabajadores Migratorios y de sus Familiares, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el día 18 de diciembre de 1990.

Esta Convención regula el estatus jurídico y los Derechos Humanos inherentes a la persona migrante, es decir, aquella persona que decide abandonar su tierra en busca de un futuro mejor. Si bien la Convención entró en vigor en el año 2003, la lista de países que han provocado dicha eficacia jurídica con su ratificación (actualmente 47 Estados), dice mucho de quienes son realmente los verdaderos interesados en que este instrumento jurídico esté dotado de indiscutible eficacia jurídica. Como ocurriera en el artículo de la semana anterior, la realidad se encarga de demostrar que cuando hablamos de Derechos Humanos, y más concretamente, de Derechos Humanos propios de la persona inmigrante, los intereses no son los mismos para todos los Estados.


En efecto, en esa lista de 47 Estados que ha ratificado la Convención*, no se encuentra ningún país que pueda ser considerado como receptor de inmigrantes. Al contrario, los Estados que han dado su ratificación son originarios de la inmigración actual. No encontramos ningún país occidental y desarrollado. No está ningún Estado de la UE. No están los países nórdicos. No está Rusia, ni los EEUU. No están las grandes potencias asiáticas como son la China, Japón y la India. Tampoco están los denominados Tigres Asiáticos (Hong Kong, Singapur, Corea del Sur y Taiwán).

En conclusión, no están los Estados desarrollados e industrializados que más mano de obra inmigrante reciben y necesitan. Y lo peor no es que no hayan ratificado la Convención, sino que parafraseando la célebre expresión de Sabino Fernández Campo: Ni están, ni se les esperan.

Han pasado ya 23 años desde la aprobación de la Convención, y ninguno de estos estados industrializados se ha dignado a ratificar la Convención. Resulta curioso ver como los interés cambian de manera diametralmente opuesta de una época a otra. La Europa destruida por la II Guerra Mundial, no es la misma que la Europa del Bienestar (ahora en decadencia). Como tampoco lo son los Estados Unidos, país por antonomasia nacido de sangre inmigrante. Por lo tanto, n es lo mismo ser un país de emigrante que un país receptor de inmigración. Los intereses, como los vientos, cambian cuando menos se lo espera uno, y donde dije digo, digo Diego…    

Ante esta situación, la única duda que puede surgir es saber a qué temen tanto estos Estados ricos, poderosos, desarrollados e industrializados, que necesitan de mano de obra inmigrante (mano de obra barata, eso sí…), pero que no quieren incluir en sus ordenamientos jurídicos esa serie principios básico que contiene la Convención Internacional sobre la Protección de los Derechos de todos los Trabajadores Migratorios y de sus Familiares.

¿Cuál es el problema? ¿Dónde está la pega a la ratificación de la Convención? Acaso se considera excesivo que la Convención parta por reconocer un conjunto de Derechos a todos los inmigrantes por el simple hecho de ser persona, algo que ya hace por cierto, Declaración Universalde los Derechos Humanos. ¿O acaso es el prever expreso el Principio de No Discriminación en el reconocimiento de “Derechos a todos los trabajadores migratorios y sus familiares que se hallen dentro de su territorio o sometidos a su jurisdicción” de los derechos previstos en esta Convención?

Si uno acude al texto de la Convención, concluye de manera evidente que los Derechos reconocidos en la misma son tan básicos y elementales, que no pueden poner en riesgo la “seguridad” ni el “orden socio-laboral” de estos Estados desarrollados e industrializados. ¿Qué problema existe entonces en querer abordar el Derecho a migrar como un Derecho Humano, o en reconocer expresamente a los propios inmigrantes una serie de Derechos Humanos reconocidos ya, por otro lado, a toda persona a través de otros instrumentos jurídicos? A veces la única conclusión posible a dicha actitud, a dicho comportamiento, es el no querer considerar al inmigrante como una persona digna de estos Derechos. El querer verlo como el otro, que no forma parte de nosotros, por mucho que se empeñe, por mucho esfuerzo y ganas que ponga por su parte.

Aplicando un mínimo de sentido común, no tiene explicación, coherente ni racional, la negativa a la ratificación de la Convención, incluso partiendo de la idea de que la misma no es ni de lejos un estatuto migratorio perfecto para el inmigrante que establezca una política migratoria de puertas abiertas, como sí hacía sin embargo, el Artículo 13 de la Declaración Universal de Derechos Humanos (digo hacía, porque ya nadie se cree la eficacia jurídica de dicho precepto). Al contrario, la Convención distingue, entre Derechos humanos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares (Parte III) y otros Derechos de los trabajadores migratorios y sus familiares que estén documentados o se encuentren en situación regular (Parte IV). Por lo tanto, no es todo de color de rosas. La Convención, además de diferenciar entre inmigrantes regulares e irregulares en el reconocimiento de Derechos, tampoco soluciona todas las cuestiones que la inmigración ofrece hoy en día.

Es precisamente por ello, que se entiende menos todavía esa hipocresía que mantienes ciertos Estados pudientes (muchos, muchísimos) que se vanaglorian de Leyes de Extranjería acordes y respetuosos con los instrumentos jurídico-internacionales en la materia, pero sin embargo se niegan a ratificar y asumir el acondicionamiento de su leyes migratorias a un documento tan valioso y trascendental como es la Convención Internacional sobre la Protección de los Derechos de todos los Trabajadores Migratorios y de sus Familiares. Una situación de hipocresía y doble moral al antojo de único criterio superior a cualquier otra motivación más razonable y ética: ser simplemente un país de acogida de inmigración. O lo que es lo mismo desde su punto de vista: mano de obra barata.

______

* Por orden alfabético: Albania, Argelia, Argentina, Azerbaiyán, Bangladesh, Belice, Bolivia, Bosnia y Herzegovina, Burkina Faso, Cabo Verde, Chile, Colombia, Ecuador, Egipto, El Salvador, Filipinas, Ghana, Guatemala, Guayana, Guinea, Honduras, Indonesia, Jamaica, Kirguistán, Lesoto, Libia, Malí, Marruecos, Mauritania, México, Mozambique, Nicaragua, Níger, Nigeria, Paraguay, Perú, Ruanda, San Vicente y las Granadinas, Senegal, Seychelles, Siria, Sri Lanka, Tayikistán, Timor, Turquía, Uganda y Uruguay.

ALEJANDRO PEÑA PÉREZ
INFANTE & PEÑA ABOGADOS

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