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jueves, 12 de diciembre de 2013
10 de Diciembre: ¿Día Internacional? de los Derechos Humanos.
Día 10 de Diciembre: Día Internacional de los Derechos Humanos. Fecha simbólica que coincide con la promulgación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el día 10 de Diciembre de 1948.
El día tiene su sentido, como es lógico. Se conmemora la celebración del reconocimiento “universal” de esos Derechos mínimos, o mejor dicho, de ese estándar mínimo de Derechos reconocidos a todo ser humano por el simple hecho de serlo, sin que quepa ningún tipo de discriminación. Este reconocimiento, a simple vista, tiene un sentido más teórico que practico si tenemos en cuenta la cruda realidad social, jurídica, política y judicial que nos rodea. No se puede hablar realmente de un reconocimiento pleno de los Derechos contenidos en la Declaración Universal. En absoluto.

Quizás haya quien pueda pensar que es una opinión muy pesimista. Al contrario, el día a día se encarga de demostrar que no existe realmente una justicia universal que reconozca universalmente la existencia de unos Derechos Humanos de ámbito mundial. Es verdad que la Declaración Universal de los Derechos Humanos está ahí, pero a día de hoy está más cerca de ser considerado un amasijo de añejo papel mojado que una autentica norma jurídica de alcance internacional.
No digo que no existan mecanismo de defensa y protección de los Derechos Humanos. Estos mecanismos existen, por supuesto. Pero su existencia tiene, según mi opinión, un sentido más formalista que material: están ahí, existen, previstos por el Derecho nacional o internacional, pero su ejercicio efectico y los resultados materiales, por regla general, o no existen, o de existir, las soluciones llegan de manera extemporánea, años después.
Vuelvo a repetir que este no es un planteamiento pesimista, sino más bien la plasmación del sistema jurídico y judicial de amparo de los Derechos Humanos. 
Y el hecho evidente de que la propia Declaración Universal de los Derechos Humanos es un mero amasijo de papel mojado viene reflejado por el respecto que los Estados y las propias instituciones de ámbito internacional tienen respecto a su propio contenido y la trascendencia última de sus Derechos más elementales.
Hoy día no se puede decir (Artículo 1) que “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”, cuando una gran parte del planeta se muere cada día de hambre por desnutrición y falta de alimentos; de sed por la falta de agua potable; de enfermedades, unas más comunes, tratables y curables, otras complejas, pero merecedoras de cuidados paliativos.
Tampoco se puede afirmar que (Artículo 2) “Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”, porque realmente si existen diferencias que marcan, segregan y oprimen al diferente, al otro, a la minoría, dentro y fuera del propio país.
La misma conclusión cabe realizar cuando se dice que (Artículo 7) “Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley”, cuando hemos creado una justicia para ricos y otra para pobres, con o sin tasas judiciales.
No se puede considerar que realmente (Artículo 3) “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”, cuando la pena de muerte es un arma punitiva de los Estados y la guerra es un instrumento de agresión preventiva.
Mucho menos que (Artículo 4) “Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre”. La trata de personas, esclavitud del siglo XXI, somete a hombres, mujeres, niños y niñas a explotación laboral, sexual, económica y social ante los ojos cuasi-impasibles de los que deben actuar. Repito de nuevo, no digo que no se haga nada, sino que no se hace todo lo que debería hacerse.
No es verdad que (Artículo 5) “Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes”. Ejemplo de ello son los CIEs y las concertinas en las vallas de Ceuta y Melilla, y como ejemplo internacional más evidente (y cuya promesa de clausura motivo un Premio Nobel de la Paz): GUANTÁNOMO. En este último caso, y según mi opinión, también afecta a los CIEs, tampoco puede afirmarse que (Artículo 9) “Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado”.
Casos como el Guantánamo afectan también a Derechos Humanos tan básicos y elementales como el Derecho de toda persona (Artículo 8) “a un recurso efectivo ante los tribunales nacionales competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos por la constitución o por la ley”; (Artículo 10) “a ser oída públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial”; (Artículo 11) “a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad”.
No es válido afirmar que (Artículo 6) “Todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica”, o que (Artículo 15) “Toda persona tiene derecho a una nacionalidad”, no al menos para saharauis, palestinos o, recientemente, dominicanos en la República Dominicana.
Idénticas conclusiones podrían realizarse respecto a Derechos Humanos tales como el Derecho a la intimidad personal y familiar (Artículo 12); Derecho de Asilo (Artículo 14); Derecho a contraer matrimonio en plena igualdad (Artículo 16); Derecho a la Libertad de pensamiento, conciencia y religión (Artículo 18); Derecho a la Libertad de opinión y de expresión (Artículo 19); Derecho a la Libertad de reunión y de asociación pacíficas (Artículo 20); Derecho de participación política (Artículo 21); Derecho a un nivel de vida digno (Artículo 25); o Derecho a la educación (Artículo 26).
Pero sobretodo, por lo que al sentido de este blog corresponde, resulta totalmente falso a día de hoy el Derecho reconocido en el Artículo 13 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos según el cual “Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado”.
Este Derecho, creado a imagen y semejanza para los interesases particulares de una Europa arrasada por la Segunda Guerra Mundial, dejo de tener vigencia a medida que las migraciones internacionales dejaron de ser necesarias para la causa, y pasaron a ser un estorbo indeseado para los país desarrollados de occidente. Un Artículo 13 que únicamente fue verdaderamente efectivo cuando nosotros éramos emigrantes, pero que ha perdido cualquier vigencia moral y jurídica cuando los inmigrantes empezaron a ser otros.
En definitiva, y visto lo visto, ¿puede afirmarse positivamente que existe a día de hoy ese  “orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos” (Artículo 28)?
ALEJANDRO PEÑA PÉREZ
INFANTE & PEÑA ABOGADOS

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