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jueves, 30 de mayo de 2013












El pasado viernes (24 de mayo de 2013) se ofrecieron en el Consejo de Ministros algunas pinceladas de lo que será la futura Ley de Apoyo al Emprendedor y su Internacionalización, todavía anteproyecto de ley. Uno de los apartados de dicha norma se encuentra destinado a lo que se ha llamado ‘internacionalización de la economía’, en palabras de la vicepresidenta del Gobierno Soraya Sáez de Santamaría.

Entre las medidas previstas, se contempla la posibilidad de conceder una Autorización de Residencia al extranjero que se encuentre en alguno de estos supuestos:
a)    Inversores de cuantía económica significativa o de interés general.

b)    Emprendedores de una actividad innovadora y con incidencia directa en la económico y en la creación de empleo.

c)    Profesionales altamente cualificados.

d)    Extranjeros que se desplacen a España en el marco de una relación laboral, profesional o por motivos de formación profesional, por una duración igual a la del traslado.

Dentro de estos supuestos, que pueden calificarse como más o menos legítimos con el fin de incentivar la economía en España, destacan especialmente dos supuestos que se especificaron expresamente por la propia vicepresidenta.

El primero de ellos, prevé la posibilidad de acceder a la residencia legal en España mediante la adquisición de una vivienda. Pero no cualquier tipo de vivienda. El listón se ha puesto muy arriba al señalarse como límite mínimo para acogerse a esta medida el que la vivienda esté valorada en al menos 500.000 Euros. Así es, ni más ni menos que medio millón de euros.

Evidentemente, esta medida no piensa en el extranjero común, ese que después de mucho trabajar y que con sus ahorros (o hipotecándose hasta las trancas) decide adquirir una casita en España. No, no. El Gobierno está pensando en otro tipo de extranjeros con dinero a mansalva que se encargue de reducir el parque inmobiliario que existe en España, empezando por tapar los agujeros de mayor tamaño (Algunos ya identifican al comprador chino y ruso como primer destinatario de esta medida). Luego ya se pensará en cómo se enmienda el resto de inmuebles sobrantes que no llegan a ese importe. Lo mismo también se prevé conceder una Autorización de Residencia al extranjero que en vez de comprar un caserón adquiera dos viviendas de precio medio. Puede ser, ¿no? Ahí queda la idea…

El otro supuesto, residencia legal para el extranjero que adquiera dos millones de deuda pública. 2.000.000 millones, digo bien, con todos sus ceros y sus puntos. Nuevamente surge la idea: ¿en qué tipo de extranjeros de está pensando? La respuesta es sencilla otra vez. No en el extranjero que está a pie de calle, sino en aquellos extranjeros que desayunan con caviar y se bañan con CHANEL Nº 5.

Ambas medidas, después de tantos años de Derecho de Extranjería, resultan exclusivas y excluyentes del sistema migratorio tejido hasta el momento. Medias desesperadas ante situación de desesperación. Medidas que, al fin y al cabo, dinamitan la concepción del Derecho de Extranjería de los últimos 30 años. O en palabras más simples y llanas: el Gobierno acaba de crear un Derecho de Extranjería para ricos al margen del resto del Derecho de Extranjería. Que como no podía ser de otra manera, prevé expresamente “un procedimiento ágil y rápido, ante una única autoridad”.

La semana pasada hablaba en mi anterior artículo sobre las políticas migratorias y la actual Ley de Extranjería, que con los años habíamos pasado de una Ley en la que lo importante eran las personas extranjeras hacia una Ley en la que se concebía la inmigración y el Derecho de Extranjería desde una óptica mercantilista y mercenaria. Con este nuevo giro de tuerca, se da un paso más en la deshumanización de la Ley de Extranjería. Ya no necesitamos trabajadores. Falta el trabajo y sobra la mano de obra. Lo que necesitamos ahora son inversores que compren nuestras casas (vacías) y nuestra deuda pública (esto también nos sobra…).

Cabría preguntarse incluso si existen segundas lecturas en estas medidas. Por ejemplo, ¿Por qué de un planteamiento inicial en el que la residencia se podía obtener mediante la adquisición de una vivienda por un valor en torno a unos 160.000 euros, se ha incrementado hasta los 500.000 euros? ¿Es posible que el querer hacer negocio con la desgracia infinita de tantos desahucios y desahuciados haya sido un límite calculado en estas medidas? Supongo que  querer sacar partida de las viviendas que están perdiendo el pueblo no era buena idea. Mejor subamos el listón y ofrezcamos otro tipo de inmuebles que no caldeen el ambiente más de lo que ya está.

Pero al fin y al cabo, con este tipo de medidas nos dirigimos a una concepción errónea del fenómeno migratorio y de la extranjería en sí. Éste no es el camino más acertado. Cabría calificarlo incluso de absurdo desde el punto de vista del extranjero que pretende adquirir una Autorización de Residencia. Si tenemos en cuenta que para la obtención de un Visado de Residencia (y posterior Autorización de Residencia Temporal) el Derecho de Extranjería requiere demostrar el disponer de unos 2.100 Euros mensuales, es decir, unos 25.000 Euros en cómputo anual, ¿Quién en su sano juicio compraría una vivienda valorada en 500.000 Euros o deuda pública por valor de 2.000.000 para adquirir dicha Autorización de Residencia? ¿25.000 Euros o 500.000 Euros por tu residencia? ¿25.000 Euros o 2.000.000 Euros? ¿Por qué opción optarías tú? No hace falta contestar, ¿verdad?

Todo esto demuestra claramente una cosa: cuando es necesario, o mejor dicho, cuando los intereses económicos y financieros se encuentran con una necesidad, el Derecho de Extranjería se acomoda e incluso se pervierte para buscar una solución adecuada a las necesidades del capital. Con las personas, con los seres humanos, desgraciadamente, y de forma evidente, no ocurre lo mismo. Que fácil le resulta acceder a la residencia legal en España al que tiene dinero, y que cuesta arriba le puede resultar al resto de los mortales.

Esta es la diferencia más evidente entre quien llega a España en un jet privado y quien lo hace en vuelo regular, en una patera, un cayuco o en los bajos de un camión buscando un futuro mejor.

Ante toda esta situación la pregunta planteada como título del artículo de esta semana se me repite una y otra vez en mi cabeza: Residencia por dinero ¿Audacia o prostitución?
Yo ya tengo una respuesta clara, ¿y tú?

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