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jueves, 25 de abril de 2013
Manifestación a favor de la reforma migratoria en EE.UU.
Como podía ser de esperar tras el atentado en Boston del pasado lunes 15 de abril perpetrado presuntamente de por dos personas de origen checheno, las voces contrarias a la reforma migratoria propuesta por Obama, y que actualmente se debate en Estados Unidos, no se han hecho esperar.

A pesar de que los presuntos autores del atentado no eran inmigrantes en situación irregular, algunas voces discordantes han tomado este desgraciado suceso como bandera anti-reforma migratoria, y de camino, para sacudir esas ideas latentes, pero dormidas, de vincular nuevamente inmigración y delincuencia. O aun peor, inmigración y terrorismo (de tintes islamistas).
Ante esta situación, no tengo duda alguna de que la reforma migratoria que se pretende llevar a cabo en Estados Unidos no tiene otra razón de ser que seguir adelante con la misma hoja de ruta prevista antes del desafortunado atentado.

Mis motivos vienen recogidos en el siguiente decálogo a favor de la reforma migratoria:

1º.- Todo inmigrante es un ser humano que tiene Derecho a residir legalmente en un Estado.
De auténtico perogrullo y reconocido en el Artículo 13 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, sin embargo, es bien sabido que cada Estado adecúa su legislación migratoria a interese propio, dejando este precepto (desgraciadamente) en mero papel mojado.
No obstante, a pesar de estos obstáculos, existen inmigrantes en Estados Unidos (se calcula que más de 11 millones en situación irregular) que llevan años en la clandestinidad, siendo la cara oculta (pero necesaria) de la sociedad americana. Sociedad americana, por cierto, que ha acogido con muy buen agrado la reforma migratoria.

2º.- Cercenar de forma drástica cualquier vínculo entre inmigración y delincuencia…
Resulta de vital importancia deslindar de forma inmediata cualquier tipo de relación directa o indirecta entre inmigración y delincuencia. El inmigrante no puede ser identificado per se como delincuente. Mucho menos el inmigrante irregular, en situación más vulnerable que el resto del colectivo.
Este tipo de vinculación indeseada estigmatiza y humilla al inmigrante como ser humano, degradándolo a ser concebido de manera automática como responsable de todos los males que están sucediendo y sacudiendo a la sociedad americana. Criminalizar al inmigrante (irregular) evidentemente no es la solución.

3º.- … y por supuesto, entre inmigración y terrorismo.
Mucha menor justificación debe tener cualquier vínculo entre inmigración y terrorismo, sea del tipo que sea. Ya ocurrió en el pasado con los atentados del 11-S, donde se vivió una ola de fobia hacia la comunidad musulmana, ola que ha sido (o está siendo) difícil de poder revertir.
Curiosamente, desde el 11-S, el estado de alarma constante en el que se encuentra Estados Unidos ha sido el caldo de cultivo perfecto para el desarrollo de determinadas legislaciones contrarias a los Derechos Civiles y Derechos Humanos de los ‘enemigos’ de la nación, creando agujeros de odioso renombre como son, entre otros, Guantánamo o la prisión de Abu Ghraib.
Incluso los medios de comunicación deben medir sus palabras, a veces incendiarias, que empujan a que la opinión pública no perciba la realidad migratoria como lo que es: migración simple y llana, al margen de cualquier vinculación terrorista.
Recuerdo un artículo de opinión firmado por la periodista Michelle Malkin  (titulado ‘La tía inmigrante ilegal de Obama’) en el cual, refiriéndose al inmigrante en situación irregular, afirmaba que “se puede aprovechar de la tradicional práctica del Congreso de crear "leyes de ayuda especial" para ciertos inmigrantes ilegales que eviten su deportación y les otorguen la ciudadanía estadounidense. […] Algunos terroristas ya se han beneficiado de esta aplicación laxa de nuestras leyes contra la inmigración ilegal: Ramzi Yousef, Gazi Ibrahim, Abu Mezer y Mir Aimal Kansi, pidieron el asilo para evitar ser expulsados y así poder planear y ejecutar sus atentados desde dentro del país”.
Como he dicho más arriba, y como en su momento expuse holgadamente en mi artículo ‘Inmigrantes Ilegales: concepto infame. Responsables y Deshonrados’, resulta eminentemente injusto todo vínculo entre inmigración y terrorismo. Considerar al inmigrante (ilegal)-terrorista pervierte al inmigrante como persona, como ser humano, identificándolo con el más vil de los asesinos, y transmite una concepción del fenómeno migratorio vinculado claramente con la concepción de terrorismo nacida después del 11-S.

4º.- Facilita la plena integración del inmigrante irregular.
Uno de los mayores problemas con los que se encuentra todo inmigrante fuera de su tierra es la integración en la sociedad de acogida. Si además se encuentra en situación irregular, el esfuerzo que debe hacer y los obstáculos que encuentra son aún mayores. Hay inmigrantes que debido al prolongado tiempo que llevan viviendo en Estados Unidos están plenamente arraigados en ese país a pesar de carecer de un estatus legal. Han asumido una forma de vida con la que al final terminan identificándose, por lo que es necesario que el camino recorrido acabe en la plena integración, asumiendo tanto Derechos como Deberes.

5º.- Es necesario acabar con esa fobia perenne a la deportación.
Existe un denominador común que identifica a todo inmigrante en situación irregular: el miedo a ser expulsado. A ser deportado.
Por regla general, el extranjero que no tiene su documentación en regla se encuentra en constante situación de ansiedad y angustia ante ese peligro constante de que la policía lo pueda parar y todo puede acabar con su expulsión del país. Este miedo acarrea que esa situación de clandestinidad a la que están abocados redunde en muchas ocasiones en un clima de inseguridad permanente. Miedo a ser expulsado. Miedo a tener que abandonar un país del que ya eres parte. Miedo a que te separen de tu familia: padres, hijos, cónyuge, nietos,… Ellos aquí y tú allí. Miedo al destierro, en muchas ocasiones, solo y sin familia.
Miedo a un futuro sin futuro. 

6º.- La reforma migratoria viene a reconocer la valía y la necesidad de la inmigración en la economía estadounidense.
Existen estudios que afirman que uno de los pilares fundamentales de la economía en Estados Unidos viene asentado en la mano de obra de la población inmigrante, parte de ella en situación irregular. Estos más de 11 millones de inmigrantes que se encuentran pendiente de poder legalizar su situación en el país, son un recurso humano muy potente del que se viene beneficiando el sistema, y del que se va a seguir beneficiando en los próximos años.
Ya va siendo hora, por tanto, de que el sistema devuelva parte de lo que ha recibido de esta parte de la comunidad inmigrante y reconozca su valía y necesidad estratégica en la economía del Tío Sam. El inmigrante irregular es como la pieza del engranaje de un reloj de precisión: no se ve, es invisible. Pero si desaparece, el reloj se detiene. Deja de funcionar.

7º.- Es imprescindible para evitar la explotación laboral de mano de obra extremadamente vulnerable.
La población inmigrante en situación irregular suele ser uno de los colectivos más dañados por la explotación laboral. Salarios bajos, condiciones de trabajo infrahumanas, jornadas excesivas, vejaciones, humillaciones, y un largo etcétera, son el pan nuestro de cada día entre los inmigrantes en esta situación. Y no solo en Estados Unidos.
La vulnerabilidad de la irregularidad provoca que en muchos casos el trabajador explotado se encuentre ante la indefensión más absoluta, siendo dicha irregularidad precisamente un hándicap para poder exigir el respeto de sus Derechos laborales vulnerados de manera sistemática. La reforma migratoria, y por ende la residencia legal, brindaría, al menos, unas herramientas mínimas para la defensas de estos Derechos. 

8º.- Incluso en una lectura economicista e interesada, la regularidad supondría mayor contribución económica y fiscal.
No puede negarse que el incremento de residentes legales en Estados Unidos conllevaría aparejada un incremente importante a nivel de consumo, regularización y creación de empleo, y recaudación de impuestos. Estamos hablando de más de 11 millones de inmigrantes que pasarían contribuir de forma directa al sostenimiento de la economía y de la sociedad norteamericana.
Mayor consumo, porque es evidente que un inmigrante que no se encuentra sometido al yugo de la clandestinidad participa más de la vida social, consume más. Esa es la realidad. ¿Cuántos inmigrantes no salen de sus casas por miedo a que la policía los detenga y puedan acabar expulsados? Igualmente, el estar trabajando de forma legal incentiva la economía de forma directa. Y qué decir del aumento en la recaudación de impuestos.
Las ventajas, como se ven, no son pocas.  

9º.- Reconoce de forma implícita el Derecho a la vida en familia del inmigrante.
Como no puede ser de otro modo, el hecho de residir legalmente en un país, aleja al inmigrante de esa situación de clandestinidad ya descrita y del miedo a la deportación permanente. Se abandona ese miedo a que su expulsión pueda separarle de su familia. El desarraigo que ello provoca quebranta cualquier proyecto familiar de futuro conjunto, especialmente, si nos referimos a los hijos menores de edad, donde el desarraigo y la frustración que se genera cando se le niega el Derecho a crecer junto a sus padres resulta inhumano y cruel.
Pero ese estatus de residencia legal  también permitiría ejercer de forma libre (aunque no plena) el Derecho a la vida en familia, evitando las injerencias indebidas que la irregularidad administrativa provoca en la intimidad privada y familiar de los inmigrantes. Injerencias ilegítimas tales como no poder llevar a tus hijos al colegio sin correr riesgos; al parque o a un centro comercial donde puede disfrutar toda la familia; o simplemente, poder pasear libremente viendo una puesta de sol con tus seres queridos.
Esa pesada losa, losa psicológica, que te arrastra durante la penitencia de ser un inmigrante irregular, se torna en una suave brisa a favor con el acceso a la residencia legal.

10º.- Por último, demostrar que el Gobierno de Estados Unidos (y los Gobiernos en general) son mínimamente civilizados.
Sí, digo bien, civilizados. Creo que es exigible a todo Gobierno que combata y elimine las situaciones de irregularidad administrativa de los inmigrantes que viven es su país. Al margen de los distintos medios previstos para ello (más o menos legítimos), entiendo que cuando se acumula una bolsa considerable de inmigrantes irregulares, en este caso más de 11 millones, se deben de buscar medidas humanas, coherentes y razonables encaminadas a regularizar su situación. Y ello, como no puede ser de otro modo, para evitar una irregularidad a perpetuidad que vulnera de forma clara Derechos Humanos y Derechos Fundamentales que condena a la clandestinidad sin fin e impide el ejercicio legítimo del Derecho a la vida en familia.
Por todo ello, y en consonancia con los motivos contenidos en este decálogo, la reforma migratoria se debe llevar a cabo especialmente para evitar cualquier influencia negativa de aquellas opiniones oportunistas que confunden, y vinculan peligrosamente, inmigrante, ya sea regular o irregular, con delincuentes y terroristas.
Como vengo repitiendo hasta la saciedad, ni delincuente, ni terrorista. El inmigrante es precisamente eso: simple y llanamente, INMIGRANTE.

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